La cruz no es tu historia de superación
“Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, esto es, para nosotros, es poder de Dios.” — 1 Corintios 1:18
Hay algo que Pablo llama “la palabra de la cruz” — no la historia de la cruz, no la enseñanza sobre la cruz, sino la palabra que la cruz misma pronuncia. Eso significa que la cruz habla. Y lo primero que dice no es inspirador: es escandaloso.
Hemos construido una cultura cristiana donde la cruz se convierte en metáfora de resiliencia. “Cargá tu cruz” se usa para hablar de dificultades superadas, de historias de superación personal, de testimonios que terminan siempre con música de fondo y aplausos. La cruz dejó de ser escándalo y se volvió branding. Y cuando la cruz pierde su escándalo, pierde su poder.
Lo que Pablo dice aquí es irreducible: la cruz es locura. No para los de afuera solamente — también para la parte de nosotros que todavía quiere un evangelio con más dignidad, con más éxito, con más sentido común. La cruz confronta exactamente eso: la pretensión de que podemos llegar a Dios con algo que valga la pena mostrar.
El poder de la cruz no está en lo que te inspira, sino en lo que destruye. Destruye la ilusión de que sos suficiente. Destruye el proyecto de construirte una identidad espiritual presentable. Y en ese derrumbe, algo real empieza: la vida que viene del otro lado de la muerte, no de la gestión inteligente de tus recursos personales.
¿Qué versión de la cruz estás cargando — la que escandaliza o la que decora?
Oración: Señor, confieso que muchas veces preferí una cruz más cómoda, más presentable, más fácil de explicar. Devolvéme el escándalo real de lo que hiciste ahí. No quiero un evangelio que me inspire — quiero uno que me crucifique y me resucite. Amén.
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